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Como perros y gatos, convivencia entre estas dos especies

En mi manada vivimos como perros y gatos: ¡nos amamos mucho!

“Como perros y gatos”… ¿Has escuchado esa frase? Seguro alguna vez la has utilizado, y la has asociado, como casi todo el mundo, al odio, a las peleas y a las malas relaciones… ¡Como si los perros y los gatos se odiaran entre sí!

Ambas especies, contrario a lo que muchos piensan, pueden vivir en armonía, claro está, con una adaptación correcta que permita que se lleven bien, especialmente si comparten el mismo espacio y son miembros de la misma manada.

¿De dónde nació la frase “como perros y gatos”?

Por naturaleza, ambas especies pueden vivir perfectamente tranquilas, y nosotros, como los humanos responsables de la manada, podemos propiciar esta convivencia, claro está, sin forzarla. Sin embargo, el “como perros y gatos”, nació del comportamiento de cada especie: el perro, con su impulso para la persecución y el gato, corredor por supervivencia, tal vez comenzaron este rumor sin querer, cuando el gato corría inquieto y el perro lo perseguía, solamente al percibir movimiento.

“Desde que he trabajado en el tema de rescate animal y de entrega en adopción, me he podido dar cuenta de miles de casos exitosos entre un perro y un gato que conviven sin problema, respetando sus espacios y con buen comportamiento. He conocido incluso algunos casos en los que, cuando un perro cachorro llega a una familia de gatos, adquiere por imitación algunos comportamientos propios de los felinos, como lamerse, acicalar a otros o subir a partes altas de la casa”, explicó Juan Jiménez Lara, médico veterinario. 

Tener el deseo de agrandar la manada con un miembro de otra especie no es una idea tan descabellada y aunque no hay un paso a paso específico que funcione en todos los casos, sí hay algunos aspectos que deben tenerse en cuenta y que pueden ser cruciales en la convivencia de la manada.

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El carácter de cada animal

Tanto perros como gatos tienen un carácter único. Como humanos debemos asegurarnos de no poner a convivir a dos animales de carácter fuerte, por ejemplo. “Se recomienda que, si el animal que ya tienes es muy dominante, el nuevo, el que llegue después, debe ser un animal sumiso, menor en edad, esterilizado y en lo posible, de otro sexo”, precisó Jiménez.

El olfato es clave en la presentación

Los animales se comunican con el olfato y es a través de este órgano que debe comenzar la presentación del nuevo miembro de la familia. “Los animales, con el olor del otro, reciben demasiada información”, dijo el médico, y recomendó que, antes de presentar a los animales, se haga un intercambio de elementos; es decir, poner a dormir al animal nuevo con la cobija del animal que ya está en casa, o intercambiar juguetes para que comiencen a familiarizarse aún sin haberse visto, lo que hará aún más tranquilo el momento del primer encuentro.

La presentación: un proceso gradual

La paciencia, según el doctor Jiménez, es el ingrediente principal a la hora de presentar a dos animales de diferente especie que terminarán viviendo bajo el mismo techo. “Lo más importante es elegir un sitio tranquilo, seguro y con supervisión de un adulto responsable que vigile todo el tiempo que ningún animal se escape, se pierda o se agreda”, añadió. “Es un proceso similar a la adaptación de dos gatos, aunque puede tener sus variaciones”, explicó, agregando que el guacal puede ser un elemento de ayuda, ya que funciona como separador y les permite seguirse reconociendo gracias al olor, ya familiar gracias a la primera etapa. 

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Sin comida y sin presiones

A pesar de que la comida puede ser un gran aliciente en otro tipo de juegos y ejercicios de adiestramiento, en este caso puede jugar en contra. “Algunos animales son celosos con su comida; lo recomendable es que, por lo menos al comienzo, cada uno tenga zonas delimitadas dentro de la casa y que la comida se les suministre por separado y al final de cada socialización”, señaló el veterinario, haciendo énfasis en que ambos animales a presentarse deben contar con adecuadas condiciones de salud, sin parásitos internos o externos, y con comportamientos tendientes a la socialización.

Como humanos de la manada debemos evitar ejercer presión y permitir que la relación entre ambos animales fluya con tranquilidad, conociendo de antemano que, así como pueden ser inseparables, la convivencia puede tornarse simplemente en un caso de tolerancia. Si bien después de la adaptación no van a terminar odiándose, en el mejor de los casos, van a amarse como perros y gatos.

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