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Los perros de raza van más allá de una moda

Crecimos conociendo una cantidad casi infinita de razas de perros gracias a nuestro entorno o por alguna película o programa de televisión que los mostraba como personajes amigables. Con el paso de los años, memorizar razas se ha convertido en una tarea imposible, pues la mezcla de varias de ellas ha hecho que la lista siga creciendo y las tendencias que surgen con el tiempo van dejando a las demás en el olvido.

Hablemos de pedigrí

Irnos a la raíz etimológica de la palabra es hablar de la expresión francesa pied de grue, que literalmente traduce “pie de grulla”, y que nombraba las líneas rectas con las que marcaban a los caballos en la antigüedad.

Hoy el pedigrí es el certificado que comprueba la pureza de la raza de un gato o un perro, es emitido por diferentes clubes o federaciones, y busca demostrar que el animal es puro, y que su raza lo ha sido por varias generaciones. Por supuesto, no todos los perros que conocemos como “de raza” tienen pedigrí, pero la preferencia por tener un perro de raza sobre uno criollo continúa al alza, para muchos por la sensación de estatus que le aporta a quien lo adquiere.

Tendencias: las razas de perro también las padecen

En los setenta eran los pastores alemanes, en los noventa los dálmatas, en los dos mil los bullterrier… y así, con el pasar de los años, siempre hay alguna raza que comienza a ser tendencia sobre otra, y a motivar, de esta manera, la cría y compra, muchas veces irresponsable, de ejemplares de estas razas. Algunas de las grandes influencias han sido el cine y la televisión, quienes presentan, a través de sus personajes, ejemplares de razas que van generando el deseo de compra en quienes las ven.

Lassie, Beethoven, El Comisario Rex, Los 101 Dálmatas, y otras películas y programas de televisión han influido en el deseo de algunas familias por tener uno de los ejemplares en su manada, sin pensar en las consecuencias -positivas y negativas- más allá de la apariencia o la “moda” del perro. “Me parece gravísimo”, dice Santiago Navarro, adiestrador profesional y técnico en gestión del comportamiento cognitivo-emocional, y explica que, comprar un perro sin saber a fondo acerca de su raza, puede llevar a abandono y maltrato por el desconocimiento inicial de su carácter y comportamiento.

“Muchas de esas razas tienen una capacidad física y cognitiva gigante, y si el tenedor no se la trabaja y le ayuda en la gestión de su potencial, el perro se convierte en un encarte, sin ser culpa del perro, pues se está desarrollando como un ser, está explorando. Si no hay un buen guía que le enseñe, el perro buscará qué hacer”, explicó el profesional,  poniendo como ejemplo al ganadero australiano, un perro grande, fuerte y templado, que no cualquiera podría tener adecuadamente.

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Cada perro es diferente

Sin importar si hacen parte de la misma raza, cada perro tiene su propio carácter y comportamiento. Muchas veces las personas compran un perro porque está “de moda” o porque lo conocieron en otra manada y lo percibieron como un perro disciplinado; sin embargo, “el problema es la generalización de creer que los cachorros son máquinas programadas de dónde y cuándo hacer sus necesidades, de qué morder y cómo actuar. Cuando las personas se dan cuenta de que es un ser vivo, que hay que enseñarle normas de convivencia, que su lenguaje es diferente al nuestro y que simplemente hace lo que su instinto le dice, es allí cuando comienzan a generarse los problemas de abandono”, cuenta Santiago Navarro.

Hay perros contemporáneos que viven confundidos debido a que los seres humanos los han limitado a sus hábitos y costumbres normales de especie, lo cual puede generar algunos trastornos en el perro. Algunas familias deciden comprar perros cuya raza está creada genéticamente para otros climas, otras labores y otro tipo de presiones, lo que al introducirlos en un ambiente doméstico, puede generarles problemas psicológicos a corto plazo.

“Hay razas puntuales, como el pastor alemán, el pastor belga o el pastor holandés, que, a la hora de ir a un criadero bueno, pueden ofrecerte dos líneas: una de trabajo y una comercial. Si eliges la línea de trabajo, es porque es descendiente de papás de competencia o campeones en algún deporte, es un cachorro que viene cargado de potencia para seguir la trayectoria de sus antepasados”, agrega el adiestrador Santiago Navarro.

¿Qué pasa si no le damos al perro lo que necesita según su raza?

La falta de actividad y estimulación cognitiva en cualquier perro puede desencadenar en agresividad o mal comportamiento debido a la alta acumulación de estrés que no está liberando. Este cúmulo de estrés se multiplica en los perros de razas no mestizas, pues, al ser creados genéticamente con ciertos fines y labores, son perros que requieren mucha más atención y movimiento.

Este tipo de razas, por lo general, son grandes y necesitan espacio, y en ciudades como Medellín tienden a adquirirse para convivir en apartamentos de pocos metros cuadrados. “No soy partidario de que el espacio define la felicidad o el bienestar del perro. Eso lo aporta el ser humano: cualquier perro con sus necesidades satisfechas, al que se le enseñe, se le dedique tiempo, y cuente con rutinas de ejercicio, y estimulación mental puede vivir muy feliz”, concluyó el profesional.

Antes de comprar un perro de raza, como tenedores responsables en la manada debemos pensar con sensatez en nuestras necesidades y deseos. Si estos se basan simplemente en las ganas de compañía y amor incondicionales, no es necesario apelar a la genética… Los ejemplares de razas mestizas abundan, y su amor e inteligencia es tan infinito como el de cualquier otro perro

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